martes, 11 de noviembre de 2014

El Joven Manos de Tijera

Aunque aún falta un mes, el espíritu navideño ya comienza a sentirse, pues las fiestas no están muy lejanas. Por eso, decidí elegir una de mis películas navideñas favoritas… bueno, si digo “navideñas” me refiero en parte al tiempo en que está contada la historia y a las películas que a mí me gusta ver en Navidad.

Una de ellas es “El Joven Manos de Tijera”, ¿qué más puede pedir un BurtonHead para Navidad? A mí, esta película me despierta bastante nostalgia de tiempos más sencillos y, como la mayoría de los fans de Burton, me habla mucho ya que me identifico bastante con el tema central.


El Joven Manos de Tijera es de las grandes obras maestras de Burton y de las cintas live action realmente buenas que tiene en su filmografía (para ser fan hay que reconocer que a veces las cosas nomás no son buenas…) y una de las cosas que la hace realmente maravillosa es la historia sweet and sour que nos presenta.

Hay algo maravilloso en el relato de la historia de Edward que es tierno y oscuro a la vez; que presenta una perspectiva cruel de la vida a través de un cristal inocente. La historia habla de Edward, una especie de criatura a lo Frankestein cuya “única” falla es la ausencia de manos, en su lugar, Edward posee tijeras. Con la muerte de su creador y padre, Edward se vio obligado a vivir solo en el interior del castillo de su creador, convenientemente localizado en las afueras de un suburbio pintoresco. Cuando una mujer de casa, vendedora ambulante de maquillaje, encuentra a Edward, lo aloja en su casa e intenta incluirlo a una sociedad que rápidamente lo separará y lo rechazará por ser diferente.


El tema central de la historia es el choque entre lo cotidiano y lo extravagante. Es una cuestión de status quo que Burton rechaza constantemente en sus obras: el poner a prueba el ambiente “normal” y sus reglas establecidas a través de experiencias y perspectivas de la vida diferentes, que obligan a los personajes con paradigmas muy concretos, enfrentarse a sus propios miedos. En El Hombre Manos de Tijera, Edward no posee mayor diferencia del mundo que su deformidad física. En realidad, el personaje de Edward no actúa como un agente de cambio activo, sino como un detonante de estos cambios. La mente de Edward es un cascaron vacío que comienza a llenarse al llegar a este nuevo mundo: absorbe experiencias, reglas comunes, complejos de moralidad y creencias populares. Edward es realmente un niño pequeño en crecimiento y aprendizaje, que cuenta con la desventura de estar en el cuerpo de un adulto extraño con manos mutiladas.


Quién realmente actúa como un agente de cambio es Peg Boggs (Dianne Wiest) quién acepta como natural a Edward y su forma diferente de existir. Peg termina contagiando el espíritu de cambio a su familia, quienes aprenden a romper sus propios paradigmas y descubrir en Edward un compañero y un amigo.

Burton critica principalmente la hipocresía social del ambiente suburbano, el cuál es un sistema de apariencias y reglas sociales que “facilitan” la convivencia a través de una filosofía de la uniformidad: pensar, verse y actuar todos iguales, para evitar los conflictos. Por supuesto, Burton no es el único que ataca este tema, de hecho, el cliché del entorno de suburbios como la máxima representación de la hipocresía social ha sido desgastado infinidad de veces con productos como: The Stepford’s wives, Suburgatory, Desperate Housewives, etc. En este entorno, Burton pretende satirizar un molde de estética y conducta en el nivel más superfluo de las apariencias: vemos una calle con pequeñas casas iguales, construidas en masa y con la única diferencia de los detalles menores como el color. La sátira se extiende al presentar los personajes; la mayoría mujeres solas o con un marido casi inexistente, cuya diversión es la calumnia y el chisme y quienes esconden detrás de sus cortinas, un estilo de vida que pretenden reprochar por fuera.

El enfrentamiento entre el mundo ordinario y aquello que es extravagante, desata la serie de eventos que terminan por volverse violentos. Al principio, la novedad de Edward es una experiencia nueva: el joven se vuelve un souvenir exótico que resalta en la planicie monocromática de los suburbios. En este punto, Edward representa la experiencia breve de lo nuevo y pasajero: unos vecinos que adquirieron algo extravagante y que todos dicen aprobar cuando lo envidian por lo bajo. Después, cuando Edward demuestra un talento extraordinario que es bastante explotable, entonces deja de ser la novedad, para convertirse en un beneficio. La mecánica humana tiene ciertos rasgos antropológicos de canibalismo, nos guste verlos o no. Aquí, Edward es un objeto útil que debe estar al servicio de la sociedad imperante, como recompensa por haberlo acogido dentro de su “normalidad” y, como la mayoría de los objetos humanos, se convierte pronto en un objeto de deseo y cuando el deseo está de por medio, aparece también la codicia. La tercera etapa de la historia es Edward como amenaza: por una parte, una desventaja que posibilita a unos pocos tener algo que rompe con la ideología “igualitaria” (que es realmente conformista) de la sociedad estable y, por otra parte, como un agente externo que amenaza las costumbres y nos enfrenta al cambio.

En esencia y con poca profundidad de discusión (o nos estaríamos aquí horas), Burton critica el rechazo a lo diferente, infundado en el miedo de enfrentarse a sí mismo y descubrir que nuestras verdades tal vez no son absolutas. Burton además enfatiza una perspectiva personal sobre este rechazo. Edward es un símil de sí mismo, viviendo en un mundo de colores y reglas como una persona que piensa en cambios y tonos de grises. Tal vez sea por eso que la historia de Edward tiene este toque de inocencia y dulzura dentro de un relato tan crudo: es el Burton joven contándonos su experiencia de vida, intentando advertirnos de los horrores de la normalidad, especialmente cuando se aspira a ser al menos un poco especial.

Para mí, El Joven Manos de Tijera es una de las obras más grandes de Burton y ciertamente uno de los highlights de su época clásica. La construcción cinematográfica de la cinta es espectacular: desde escenarios hasta vestuarios, desde diseño de color hasta el desarrollo de las secuencias; este es sin duda un film que es poesía y pintura hechas celuloide.


El Joven Manos de Tijera, además, tiene para mí una característica muy importante que aprecio enormemente en algunas películas en su tipo: no es una película que en apariencia apuntale a un mercado infantil. No tengo nada en contra de las películas infantiles, de hecho me encantan, pero sí estoy en contra de cuando las películas se venden como un producto infantil cuando el discurso claramente indica lo contrario (por ejemplo El Extraño Mundo de Jack).

En El Joven Manos de Tijera se tocan pequeños subtemas específicos que revelan instintos humanos bajos y que la perfección suburbana siempre intenta recluir. Para mí uno de los momentos más simbólicos de la cinta es cuando Edward se convierte en un objeto sexual.

Con la combinación ideal de inocencia e inexperiencia, Edward y su condición de exótico dan una vuelta de 180 grados del deseo con minúscula al Deseo con mayúscula. ¿Quién podría resistirse al encanto de la inocencia, de una mente que es terreno virgen que nosotros podemos conquistar? ¿Por qué dejar pasar la oportunidad de tener lo que todos desean que ser, además, una mezcla perfecta entre la inocencia y la rebeldía? Aquí se juega el rol de lo diferente como seductor, el misterio y encanto del miedo: es experimentar la pasión del odio, el dolor y rechazo para convertirlo en un placer carnal de sangre y metal. Sin embargo, el detalle realmente memorable de este subdiscurso es cuando Edward y Peg se ven envueltos en esta misma dinámica: por supuesto, el signo no cambia y la secuencia del corte de pelo de Peg se vuelve un momento edípico de gran ternura. Este puede ser el momento de la expresión máxima de la relación maternal que forman Edwards y Peg en la cinta: vemos una secuencia que no desborda una pasión desmedida de puro deseo sanguíneo, como se hace con las otras mujeres, sino que es una dinámica tierna en que él limpia y prepara el lugar para ella, la escolta al momento clímax y la toma de una manera filial, mientras vemos a Peg con una expresión de completa felicidad que no proviene del deseo, sino de la paz emocional. En términos tal vez poco ortodoxos y algo Freudianos: es el momento en que se consolida su relación de “madre e hijo” en que Peg lo adopta como tal, dando a luz a Edward quien, en lugar de salir de ella, entra para quedarse bajo su más íntima protección.


Por supuesto, nada de esto es tan sexualmente explícito como suena en el análisis. Esta es una analogía que indica el símbolo primario del discurso visual… osea, no hay problema con que sus hijos la vean (de hecho, les hará mucho bien).

Para no alargarme más, aquí concluyo. Mi última idea es que la recomendación de esta película es muy amplia y la experiencia de verla es algo sublime.

 

Ficha técnica:

Edward Scissorhands (1990)

Dir: Tim Burton

Guión: Caroline Thompson / Tim Burton (historia original)

20th Century Fox

lunes, 6 de octubre de 2014

Frozen

Pensando en mis cosas de la semana, me llegó una idea de la nada, como un mensaje divino que me recordaba algo: nunca le dediqué un espacio en el blog a esta película y vaya que debí hacerlo… no sólo por el fenómeno cultural que se volvió, sino porque también fui víctima de su encanto.


Trataré de ser lo más parcial posible y les explicaré brevemente porqué:

• Primeramente: es un musical y como saben, tengo una pasión nada reprimida por ellos.
• Segundamente: es Disney y me considero un chico Disney… bueno, a medias, soy exigente con lo que le pido a Disney, pero es cierto que estoy en muy buenos términos con la compañía.
• Terceramente: canta Idina Menzel, lo cual ya me pone en un gran predicamento personal.

Entonces, juntando estos factores, intentaré no dejarme llevar por la parcialidad en lo más posible y mantener el profesionalismo crítico ante todo pues, si bien la película a mi me encanta, eso no la convierte en un producto perfecto o una nueva joya del mundo del cine. Esto con el propósito de mantener mi seriedad por respeto a ti, lector, y para no convertirme en lo que más odio de estos tiempos modernos: un fan boy partícipe de un fandom enfermo, petulante y caprichoso…


¿Qué es FrozenFrozen es una animación basada (MUY vagamente) en el cuento de Andersen: “La Reina de las Nieves” que, en este caso, deja de lado todo lo que la historia narra y cuenta una emotiva historia sobre dos hermanan cuya principal enseñanza al mundo es el amor fraternal, compartido más allá de los lazos de sangre. ¿Cursi? Sí, bastante, pero no molesto.


Como les dije arriba, Frozen es un musical… pero, la maravilla de esta película es que es REALMENTE un musical. Me explico:


A diferencia de otras películas con canciones (tanto de Disney como de alguna otra productora genérica), Frozenrealmente respeta y sigue la estructura básica del musical moderno, el cuál es la pauta reglamentaria en Broadway. No sólo es la inclusión de canciones llamativas o números aparatosos, sino que realmente tienen una inclusión orgánica, predecible y adecuada en el relato, siempre narrando los eventos importantes y las emociones de los personajes. No es cantar por cantar. Yo sé que hay mucha gente puede opinar lo contrario, de hecho, detrás de mí en el cine cine había una mujer que se quejaba abiertamente (y molestamente) con cada canción… amiga, ¿really? Vas a ver una película animada de Disney con princesas ¿y esperas que no canten? No sé en qué cueva vivas, pero eso es ampliamente un cliché.


En fin, regresando a la música. Si bien la distribución de las canciones sí es, en efecto, un poco pesada (el 80% de las canciones están prácticamente concentradas en la primera parte de la película), la estructura musical es un retorno al Disney clásico y un gran avance de las películas “musicales” más modernas en que el entretenimiento, no la narración, es el argumento decisivo de la musicalización (hablo de ejemplos como “Enredados” y “La Princesa y el Sapo”). La estructura musical funciona tan bien que crea este efecto de cultivo que tienen los musicales: la audiencia se acostumbra a tal grado a las melodías, que empieza a formar una relación emocional-icónica con la música del film. Sin embargo, si hay ciertos desatinos a mi parecer, los cuales enlisto aquí abajo:

• Fixer upper” – aunque la canción de los troles es divertidísima, es un tapón en toda la extensión de la palabra. En teoría es un número que debería ayudar a reducir el drama emocional que tiene la audiencia pero, seamos sinceros, a pesar de que Ana se esté muriendo, no hay suficiente drama como para romper un momento de tensión con 3 minutos de comedia musical. Si se hace una versión escénica, ahí está perfecto, en el cine, es el único momento en que medio perdemos esa cualidad estructural que tiene la película.
• “La voz del villano” – este argumento aplica exclusivamente en la versión mexicana: la voz cantada de Hans es horrible.
• “¿Traducciones, anyone?” – El final de la canción del muñeco, la parte triste que canta la Ana mayor, está tan mal traducida al español que no sólo se pierde el mensaje que tiene ese fragmento, sino que además carece de todo sentido.
• “El reprise faltante” – no quiero adentrarme mucho en esto, pero es algo que he hablado prácticamente con todo el mundo con quien hablo de esta película. Esta es la situación: Axel sentado en el cine, llega el momento clímax cuando Hans está por alcanzar a Elsa en la tormenta y Ana corre a salvarla. Ana se convierte en hielo y Elsa la toma en sus brazos y llora por el daño que le hizo a su hermana. Axel dice: “aquí van a cantar, es obvio”. Pero no lo hacen. Entiendo las razones posibles: tiempo, reacciones del mercado y demás que puedan decirme, pero ahí faltó algo: un reprise de “¿Y si hacemos un muñeco?”, con un arreglo más lento y unos ajustes a la letra. Es una bomba de drama: Elsa a los pies de su hermana convertida en hielo mientras canta la misma canción con la que Ana intentó hacerla salir de su encierro, con la esperanza de que sea suficiente para regresarle a su hermana y deshacer el daño que causó… just thinkabout it: “just let me in, we only have each otheris just you and me… what am I going to do… please, do you wanna build a snowman?”

Claro que, siendo muy rigurosos, si bien la música y la estructura son muy buenas, Frozen realmente tiene un solo gran acierto musical y es “Let it go”. Si alguien cree que el Oscar para Let It Go fue porque “es Disney, sólo eso” les comento que están en un grave error. Esta pieza tiene los dos elementos clave para ser una canción inolvidable: una melodía pegajosa y una letra con tema universal. BobyLópez pudo haber hecho un buen trabajo con toda la película, pero realmente se lució con Let It Go, al grado que basta abrir YouTube unos 5 minutos y ver el impacto cultural que sigue dejando la pieza… quisiera ver que la canción de Bono hiciera eso. Es simple: ya sea con un adolescente que está formando su identidad, un niño que está aprendiendo a vivir, un adulto que se siente limitado por sus obligaciones sociales o un grupo social que ya no quiere vivir en discriminación, Let It Go es más grande que Elsa, que Frozen o que una canción, es un discurso que le habla directo al corazón.


Dejando la música de lado, quisiera hablar un poco de la historia. Últimamente me estaba decepcionando un poco de las capacidades discursivas de Disney: todo comenzó con La Princesa y el Sapo. Para mí siempre representó el esfuerzo por comenzar una nueva era. El problema con el discurso gastado de las princesas eran las implicaciones “negativas” que traía a una sociedad que se quiere creer muy feminista: eso de esperar por el príncipe, sin capacidad de decisión y sucumbir ante los deseos de todo el mundo no era una imagen que la gente quería para la mujer moderna.


Entonces, llegó Tiana, quién no sólo rompía la imagen racial clásica de la princesa (caucásica, casi siempre rubia o de plano exótica), era una orgullosa mujer norteamericana y de color que, además, introducía algo que haría a Cenicienta saltar de su calabaza: la idea de que una mujer se vale por sí misma y que tiene la capacidad de luchar duro para alcanzar sus sueños. Excelente, en esencia, pero no en la práctica. La historia no terminó de cuajar para concretar ese mensaje y al final Tiana obtiene lo que quiere a expensas de su matrimonio con el príncipe. Después llegó Valiente (Enredados para mí fue un paso hacia atrás) y se reforzó esta idea de la mujer independiente y libre. Sin embargo, el discurso quedó ahogado en el drama familiar (que es algo maravilloso), el cuál le dio más peso al amor maternal que a la liberación femenina. Entonces llegó Frozen, con una serie de nuevos elementos: la ausencia del príncipe encantador, la traición masculina, el heroísmo y la determinación femenina y el amor fraternal entre hermanas. Frozen, para mí, sí presenta un discurso feminista con los matices adecuados, no extremista ni tampoco hegemónico. Esto no la posiciona como una película para niñas, sino como una película que le habla correctamente a las niñas y que les enseña a buscar la felicidad a su manera, en un mundo que sigue dominado por el hombre, a encontrar en las otras mujeres, aliadas en lugar de enemigas y a que existen más tipos de amor verdadero en el mundo que el que te puede dar una pareja (aunque, siendo justos, este es un mensaje valioso para todo el mundo). Así como existen niñas que sueñan con ser ingenieras, abogadas, amas de casa o estar en la política, hay niñas que aspiran a ser princesas y yo, en lo personal, no le veo nada de malo a eso, siempre que aspiren a ser princesas como Ana y no como Blancanieves (esa moscamuerta…)


A pesar de todo, Frozen se ganó mi corazón no por la música, no por Idina, ni tampoco por Olaf (aunque es imposible no amar a Olaf). Frozen se ganó mi corazón cuando vi a un par de niñas en lados opuestos de una puerta, ambas pidiendo amor y compañía a su manera. Cuando vi a una joven renunciar al amor verdadero para correr a salvar la vida de su hermana. Cuando vi a una mujer llorar a los pies de una estatua de hielo, porque pensaba que había perdido lo único que le quedaba en la vida. Sí, Frozen se llevó mi corazón no porque tocara mis fibras musicales o soñadoras, sino porque tocó las de hermano mayor. Cualquiera que tiene un hermano y ha llegado a sentir al menos una vez la fuerza que tienen los lazos de sangre puede identificarse con esta película. ¿Cuántas veces te separa una puerta invisible de alguien con quien compartes ADN? ¿Cuántas veces pones tus intereses a expensas de su bienestar? ¿Cuántas veces lloras ante un cajón pensando en lo que pudiste hacer diferente? Ese es el mensaje que creo que necesita un mundo que “sufre por amor”. En la era de los “forever alone” y de los Ted Mosby cuyo único valor en la vida está en encontrar al amor verdadero, alguien tiene que hacerte girar la cabezade vez en cuando y enseñarte que nadie está solo cuando tienes a quién te ate la sangre, pues esos lazos, si bien invisibles y a veces distantes, son irrompibles.



Frozen (2013)

DirJenniferLee

Prod: Peter Del Vecho

De: Chris Buck, Jennifer Lee y Shane Morris

Walt Disney Studios.

jueves, 2 de octubre de 2014

Coraline

Una película de Henri Selick (sigo resentido por aquella persona que me llevó a verla bajo la pretensión falsa de ser una de Burton). Coraline es la adaptación de la novela homónima de Neil Gaiman, una pieza de fantasía oscura de la escuela de Lewis Carroll.

Coraline relata la historia imposible de una niña que atraviesa a un mundo nuevo y fantástico, como forma de escape de la indiferencia paterna y que pronto encontrará que las maravillas del otro lado de la puerta no son lo que aparentan.

Siendo un fan bastante fiel de “Alicia en el país de las maravillas” y “Alicia a través del espejo”, debo decir que encontré Coraline, en su momento, fascinante y extrañamente cautivadora. Sin embargo, conforme uno explora más la película (y la novela, aunque este no sea un espacio literario, per se) va descubriendo capas interiores en el discurso heroico que no son tan claras en los trabajos de Carroll. No es secreto para quién me conozca (o para quién lea unas cuantas entradas del blog) que tengo una predilección por la fantasía macabra y Coraline tiene un elemento indefinible que la hace vigente, eterna y a la vez frágil.

Lo cautivador de Coraline es, antes que nada, la esencia básica de la narración. Es una historia que aborda la fantasía como una forma de escape infantil a la insatisfacción temprana del mundo real. La película deja ver toques de crítica a una sociedad estática, inerte y, a la vez, absurda que construyen los adultos en su vida cotidiana y la forma en que este vórtice absorbe y limita las mentes inquietas que piensan en technicolor, mientras ven un mundo en sombras de gris. Sin embargo, el toque de horror macabro marca una pauta nueva y emocionante, cuando la historia gira en el sentido opuesto y nos presenta un discurso del poder seductivo oscuro de las fantasías y la adicción destructiva al imaginario sobre lo empírico (procuro no utilizar la palabra “real” nunca, es un término bastante absurdo).

Esto nos lleva de lleno a centrar la discusión narrativa casi exclusivamente en la evolución dimensional del personaje a través del fenómeno Freudiano de lo “uncanny”: aquello que es a la vez familiar y alienante. El andar de Coraline a través de su (horrible) aventura está marca por la presencia constante de una disonancia cognitiva entre lo que ella cree “real pero incorrecto” y lo que percibe “correcto pero irreal”, detonado con su encuentro con La Otra Madre (no con el mundo fantástico) y que tiene su punto de quiebre con la propuesta de los botones. A partir de este punto, la disonancia desaparece y llega lo que Freud llamaría “el rechazo”: Coraline decide alejarse de esa fantasía, rechazándola por completo, pues es más sencillo para ella rechazarlo (sin importar lo fantástico) a tratar de racionalizar algo que no se encuentra en sus capacidades de entendimiento. Por eso, Coraline es una historia del “yo héroe” que francamente no necesita más y con la que todos los que hemos sido seducidos por la comodidad engañosa de la fantasía nos podemos relacionar.

A mi parecer, uno de los grandes logros del film es la ejecución estética de este (la primera secuencia es gloria). ¡Rayos! Qué belleza plástica se logró con Coraline. Es excepcionalmente notable el contraste entre la saturación de los tonos de la paleta general de la cinta. En este tipo de cintas (algo muy explotado por Burton especialmente) las tonalidades de color se explotan en tonos analógicos y complementarios: el gris, marrón, negro para ciertas circunstancias que choca y desafía al multicolor brillante o pastel del mundo en pugna (véase El Joven Manos de Tijera… debería hacer una entrada de eso… en fin…). En el caso de Coraline es un efecto más sofisticado y, debo decirlo, mucho más arriesgado: la lucha de saturación, no de tonalidad. El mundo entero sobre el que está construida la historia de Coraline está formado de colores, ciertamente hay situaciones o locaciones con más colores que otras, pero es un mundo de colores a final del día. A lo que se expone la audiencia en este caso es, realmente, a la intencionalidad de la saturación que se presenta de la siguiente manera: a mayor color, mayor locura. La película comienza con un ambiente de baja saturación y una Coraline cargada de pigmentos (el establecimiento de las fuerzas opuestas), pero conforme avanza la cinta, los colores son cada vez más fuertes y brillantes, llevando a la audiencia por la misma senda de locura que atraviesa la pobre Coraline. El color es un signo de lo “uncanny” y la saturación va en aumento hasta el grado de la locura máxima, del enfrentamiento visual que empalaga al espectador para topar de golpe con el mundo ordinario en su nuevo orden y regresar, finalmente, a la saturación baja.
Quisiera además dedicar un espacio pequeño (seré breve lo prometo… dentro de mis capacidades) a comparar activamente la película de Coraline con Stardust. Ambas historias son del mismo autor (algo que me impresiona que sea sorpresa de muchos) y abordan la premisa básica del héroe que, inconforme con su estatus quo, decide cruzar el umbral a un mundo fantástico que no lo recibe cálidamente. En lo que quisiera centrarme en la discusión es en las alteraciones que sufre el discurso bajo el crisol de la premisa del género: si el protagonista es una mujer o un hombre.

Mientras la historia de la chica (Coraline) habla al público amplio, la historia del chico (Tristán) habla a la construcción de la masculinidad (no en las capas superficiales, claro, pero en cierto nivel abstracto). ¿A qué me refiero con esto? Lo pondré más simple: Stardust es el rito de paso masculino de ser niño a volverse hombre; Coraline es el rito de paso social de ser joven a volverse… hmmm… menos joven (realmente Gaiman no aborda la cuestión de la adultez temprana). Este fenómeno es común cuando se tratan estas diferencias de género: la heroína es usada para dar un mensaje masivo, el héroe tiene, sin dudas, unos ciertos tintes masculinos ocultos en su cosmovisión. ¿La causa? No me atrevería a hacer la descabellada aseveración de decir que en una sociedad falo-hetero centrista, el ritual del niño para volverse hombre tiene un enorme peso psicosocial, pues es el despertar a la madurez, el poder y la responsabilidad mientras que, el paso de la niña a la mujer, es una cuestión más de delicadeza y sexualidad… como dije, no me atrevería a hacer dichas acusaciones, aunque de cierta forma ya lo hice.

En fin, regresando a lo que nos atañe. Coraline es una experiencia visual, narrativa y literaria de diez, especialmente para jóvenes adultos… y aquí quiero hacer el comentario/queja de: ¿por qué la gente cree que todo lo que es animado es para niños? Yo no le pondría Coraline a un niño, especialmente si no tengo ganas o la paciencia para resolver todas las dudas existenciales que les despertaría una historia así.

Ya sabes, si tienes ganas de algo bizarro, ameno y oscuro, Coraline es una opción emocionante que te quitará el aliento, pues un solo balde de Palomitas Jumbo esta vez no es suficiente.

Ficha técnica:
Coraline y la puerta secreta (2009)
Dir: Henry Selick
Prod: Selick y Claire Jennings
Guión: Selick  / Gaiman (novela)
Laika Pandemonium

Y por esta ocasión y porque su trabajo me dejó sin habla:
Cinematografía: Pete Kozachik

martes, 14 de enero de 2014

Los Productores

De regreso a los musicales. Esta vez quise escribir acerca de Los Productores, un film musical basado en el musical del mismo nombre y una de mis más nuevas adquisiciones para mi colección de películas.

Los Productores es una comedia con todas las letras, en la cuál el formato del musical potencializa su capacidad cómica de una manera que Mel Brooks usa como firma personal. Sin duda es un film con muchos momentos valiosos y pocas fallas, y con un elenco que hace de las suyas en pantalla. La premisa es simple: Max Bialystock, productor de Broadway, y su contador, Leo Bloom deciden estafar a Hacienda, creando un show tan malo que cierre en la primera noche y ellos puedan tomar todo el dinero recaudado, sin tener que declararlo fiscalmente. En un giro irónico, su desastre resulta ser todo un hit y ahora deberán responder ante las autoridades. La película es una fórmula clásica para la comedia norteamericana, a la que se le suman también diversos factores de cast y dirección, que la convierten en una bomba.

Nathan Lane interpreta a Max Bialystock, un productor de Broadway sin escrúpulos, con una cuestionable moralidad, quien encuentra siempre formas de conseguir dinero y con una capacidad de persuación excepcional... Una caricatura de todo lo que se espera de un productor de Broadway. Personalmente, siempre he visto a Nathan Lane como un actor excelente y que aporta siempre gran fuerza a sus personajes. Del doblaje (The Lion King) a Broadway (The Addams Family) o el cine (The Bird Cage), creo que Nathan encuentra una forma de hacer sobresalir a sus personajes. Los Productores no son la excepción y Nathan logra salirse con la suya y robarse el show (Betrayed es un número insuperable en el film).

Mathew Broderick es Leo Bloom, el tímido y asustadizo contador de Max, que sueña con convertirse en productor de Broadway. Broderick hace un trabajo excepcional también y logra encontrar el punto exacto dónde la farsa toma forma permisiva para las locuras, sin convertirse en una exageración poco convincente. Broderick le da buena batalla a Nathan por la atenció en la pantalla y ambos crean una dinámica de equipo sin comparación, química que viene construída desde la versión de Broadway, protagonizada por ellos mismos.

Lo maravilloso de este film es su creación de personajes ya que, pese al género, todos los personajes contribuyen en algo. Sentándome a ver la película, número tras número musical, fui cayendo en cuenta que no hay personajes sobrantes y, mejor aún, no hay actuaciones sobrantes, por lo que el trabajo creativo de la directora es, en este caso, admirable.

Los productores tiende, en definitiva, a la espectacularidad. Números musicales muy elaborados con un gran número de elementos visuales, musicales y actorales que no escatiman en sorprender, entretener y divertir. No esperaba menos de una película de tal magnitud, especialmente considerando que en esa década, el cine estuvo muy apegado al musical espectacular con productos como Hairspray (2007), Chicago (2002) o Nine (2009). Además, los productores tiene el plus de presentar muchos elementos que fueron concebidos en la versión de Broadway, acentuándolos con el poder del presupuesto y narrativa de la pantalla grande.

La música de Mel Brooks es ideal para una historia de este tipo y es la médula espinal de la comedia, más allá de los chistes premeditados del texto o la interpretación de los actores, la música es la base para casi toda la comedia del film. Brooks hace un uso acertado de los acentos musicales y es él quien le marca la pauta dinámica a los actores. Para este musical, Brooks utiliza una ligera modernización de ritmos y estructuras que son, en esencia, clásico Broadway: lineas de coro, fondos cabaretescos y acompañamientos extravagantes. Además, algo que sin duda me parece maravilloso, es la intención de mantener esta esencial teatral para la música y no exagerar en la "POPularización" de las canciones, como ocurriría en productos similares como Hairspray.

Si buscas algo que te mantenga todo el tiempo atento y divertido, Los Productores es una opción ideal. Es una gran recomendación para una tarde de películas con amigos o para verla solo y levantarse el estado de ánimo. Nada como una buna carcajada con unas palomitas jumbo.

PD: sí, aquí termina la nota... Nótese la falta de inspiración y de puntos negativos (lo cuál arruina siempre la diversión)



Ficha técnica:
The Producers (2005)
Dir: Susan Stroman
Creadores: Mel Brooks y Thomas Meehan (screenplay)
Universal Pictures

martes, 31 de diciembre de 2013

El Beso de la Mujer Araña

El frío y las festividades de fin de año me tenían en un letargo, pero hoy que es 31 de Diciembre me dije a mí mismo: "No puedes dejar que se acabe el año sin una publicación más sobre las películas que has visto" y como yo no soy de la clase complaciente y popular, me rehúso a caer en el juego de las festividades y escribir acerca de un film navideño... Una vez aclarado ese punto, les diré sobre que escribiré el día de hoy: es una película loquísima (no en el sentido tradicional) y ya algo viejona que vi, a raíz de una publicación que leí en la edición actual de Razón y Palabra (once a nerd, always a nerd). Si usted no sabe qué es razón y palabra, ¡investigue! yo aquí se lo pongo fácil: http://www.razonypalabra.org.mx/

Regresando a lo nuestro, la película del día de hoy es: "El Beso de la Mujer Araña", un film Americo-Brasileño de mediados de los 80's, que narra la historia de dos hombres que comparten celda en la prisión. Este es un drama (que a mí me parece más un melodrama) que fue bien recibido por la crítica en su momento y que tiene un rol activo importante en la construcción de la imagen del homosexual en el cine.

La película es protagonizada por William Hurt y Raúl Juliá y vaya que ambos tienen una maravillosa interpretación de sus personajes. William interpreta a Luis Molina, un hombre homosexual (lo cuál es evidente en cuánto lo ves) que se encuentra en prisión bajo los cargos de corrupción de un menor (quién nunca aparece o se le menciona en el film). Molina es un personaje con mucho carisma y de gran corazón. Amanerado, delicado y fantasioso, Molina es realmente el personaje activo en el relato, prácticamente todas las acciones son ejecutada e iniciadas por él y, en momentos, podría hasta parecer un narrador tácito, como si el film no fuera la historia de los hombres, sino los recuerdos de Molina. El rasgo más característico de Molina es su afición a las películas (si bien no se le conoce lo suficiente para saber si realmente se trata de cinefilia o mero gusto) y, más aún, a contarlas. Juliá interpreta a Valentin Arregui, un hombre heterosexual, partidario de un movimiento rebelde y radical contra el gobierno. Valentin es un hombre rudo y con fuertes convicciones, tiene un carácter voluble y puede ser un tanto grosero (la mayoría ya se imaginará hacia dónde va esto, para los que no, ahorita lo abordamos). Valentin se encuentra preso por conspiración y se mantiene con vida en una celda aparte (con Molina no con los demás rebeldes) como parte de los esfuerzos por sacarle información importante del movimiento. Estos dos actores tienen una química excelente en pantalla y sus interacciones tienen mucha sustancia emocional.

También, Molina y Valentin tienen una función de polaridad tal que casi pareciera predecible. Por una parte, Molina es la imagen del homosexual afeminado y delicado, si bien sus modos y ademanes están muy normalizados, es fácil notar su identidad sexual. Molina es una persona solitaria por las circunstancias y apegada profundamente a su madre, a quién ama. Valentin, por el otro lado, es la imagen del macho, en todas sus formas caricaturescas: rudo, sucio, voluble y líder, un verdadero alfa dentro del relato. La relación de ellos parte de una cordialidad neutra que devendrá en una interesante amistad (...), a pesar de los episodios groseros que tiene Valentin hacia Molina. Los personajes tendrán juntos un viaje emocional que los llevará a un estado de compresión y aprecio (en Valentin), y de total sumisión (en Molina).

Hay además una metanarración muy importante en la historia: el relato que Molina hace de una película (si bien no se sabe si real o no) a Valentin; la cuál se presenta como imágenes sobre la voz en off, brindando este juego Shakespiriano de una película dentro de una película. La película que Molina le narra (a parte de ser una evidente propaganda nazi per se, si bien no para la audiencia) es un paralelismo importante en la narrativa principal de la historia y un elemento fundamental en la construcción del personaje de Molina.

Comencemos por describir la historia de esta película: Una cantante francesa llamada Leni, se enamora de un comandante nazi, Werner, durante la invasión nazi a Francia. Esto divide a la mujer entre el amor a su país y a su amante, dilema que termina de forma trágica en lo que para mí es una fantasía nazi de Fellini... Sonia Braga interpreta a Leni (a la vez de ser Martha, la amante de Valentin, y la mujer araña) y hace con ese personaje el prototipo perfecto de la diva/heroína hollywoodense. Como comentario aparte, el diseño fotográfico y la estética old fashion de este metafilm es divino (especialmente la escena del baile... ver imagen debajo)

Leni es la imagen bajo la cuál se construye la identidad de Molina. Leni es el símbolo de la expresión de género de Molina y una clara influencia en sus gustos, expresiones, ademanes y vestimenta. Leni es la diva del cine de oro, una analogía de figuras como Norma Desmond, las cuáles son influencia en la definición del yo de la comunidad homosexual de la época (al menos en una gran parte, para evitar las generalizaciones). Aquí, la historia de Leni y Werner es una expresión de la dimensión íntima de Molina y un paralelismo acertado en su rol narrativo. Molina es Leni en su propio mundo: una diva sofisticada, forzada a vivir en un mundo dominado por una fuerza absoluta e imperialista (el heterocentrismo) y condenada por enamorarse de la persona equivocada.

Cuando Molina termina la historia de Leni, y Valentin le pide otra más, no es ninguna sorpresa que se invente una figura como la mujer araña. Esta misteriosa mujer (que tiene un tiempo realmente mínimo en pantalla) es también una expresión de la identidad del yo en Molina; sin embargo, a diferencia de Leni, ella no es una analogía de su dimensión social, sino un símil, un guiño breve de su autodefinición. Si bien Sonia Braga también es la mujer araña en el film, bien pudo haber salido Molina vestido como ella en la secuencia. La mujer araña es Molina en su más profunda definición: una mujer solitaria, atrapada en una telaraña, condenada por ser diferente a los demás. La mujer araña no es la imagen aspiracional de Molina (o bien, de la comunidad homosexual de su época), sino la aceptación de la identidad y las circunstancias propias.

Debo decir que me es imposible no pensar en estos roles de identidad de género dentro de la película. Molina es la imagen del homosexual que añora ser mujer: "si pudiera me lo cortaría" dice, que es algo que no escuchas muy comúnmente. Además, está en un punto intermedio en el espectro femenino, pues si bien se trata de un hombre afeminado, está bastante normalizado para ser muy femenino, pero muy delicado para ser muy masculino. Es el homosexual que añora el reconocimiento del heterosexual y busca un cierto grado de aceptación por parte del sistema dominante. Es quién al final debe sacrificarse por el macho y serle fiel pese a las consecuencias. Además, es curioso que la excusa para tenerlo en prisión sea "corromper un menor"... es una razón tan válida como las demás, pero creo que comienzo a ver la influencia que esta construcción de imagen del homosexual tenía cuando recuerdo las amenazas de mi madre, cuando yo era más joven, diciéndome que los gays eran violadores de menores.

Valentin, mirando el otro lado de esta historia, es el heterosexual heroico que busca cambiar el mundo. Es un personaje de mal carácter que debe ser constantemente calmado y procurado por Molina (si bien, en este caso, es por una agenda específica). Difícilmente debe disculparse con Molina por cualquier agresión y el hacerlo representa un acto de gran nobleza de su parte. Es el hombre que al final concede el tan anhelado indulto de Molina, abriéndole camino a la aceptación en su mundo y es quién "sacrifica" su propia masculinidad para apiadarse de la soledad emocional de Molina.

¿Excesivo? Es posible, pero intenten ver el film y no pensar en eso mismo. ¿Está mal? No, para nada, es la imagen de género que se tenía en la época y, finalmente, es un discurso de denuncia que comenzaba a dar los primeros pasos a mostrar esos conflictos de convivencia social, pues al final, si bien el final no es feliz, ambos hombres logran desarrollar un vínculo fuerte y de mutuo aprecio.

La historia es lenta sin duda, ¿qué se puede esperar de la historia de dos hombres que pasan casi todo el film en prisión? ¿qué se hace con el tiempo? Creo que esta lentitud de relato es acertada, emulando lo largo y pesados que son los días estando en una prisión. Esta sí no es una película adecuada para las Palomitas Jumbo, pues se van a acabar en los primeros 20 minutos y tendrías que ir por más, pero sin duda un film que te deja algo dentro y logra mover algunas cuanta fibras dentro del espectador si logra conectar realmente con la trama. No es lo mejor que he visto, no es lo mejor que vi ese día... pero estoy escribiendo sobre ella, así que algo me dejó, ¿cierto?

Ah, por cierto, para aquellos que se preguntan ¿por qué no hay un beso de la mujer araña en pantalla (así como lo diría el título, así como en la versión de Broadway (con Chita Rivera, bitches!), les informo que sí lo hay: el beso de Molina y Valentin ES el beso de la mujer araña.


Ficha Técnica:
Kiss of the Spider Woman (1985)
Dir. Héctor Babenco
Creadores: Leonard Schrader (screenplay), Manuel Puig (novela)
Agita Productions Inc.

domingo, 28 de julio de 2013

The Craft / Beautiful Creatures

Cuando se trata de magia, misticismo y hechicería, las películas están a tope ya que estos tópicos son fuentes de inspiración primordiales para muchas historias de cine. Es fácil entender la razón por la cuál estos temas abundan en el cine y la literatura: son temas fantásticos que vienen de un mundo desconocido para muchos. Lo cierto es que, una vez que lo conoces, te das cuenta que no es tan divertido como lo presenta la fantasía de los productos culturales, en dónde los rasgos exacerbados de las premisas mágicas crean un mundo en el que muchos quisieran vivir. Yo soy fan de la literatura y el cine de fantasía, especialmente cuando la magia está involucrada y por ello he visto una enorme lista de títulos, buenos y malos, de este género.



En esta ocasión, quiero intentar una dinámica un poco diferente. Haciendo uso y abuso de mi cuenta de Netflix, vi un par de películas seguidas (literalmente una tras otra) y se me ocurrió dedicar esta entrada a la comparación entre productos del género. Terminando de ver Beautiful Creatures, Netflix amablemente me recomendó ver The Craft. La primera ya la había visto en el cine, pero quise verla de nuevo, la segunda no me había tocado verla y fue una experiencia muy interesante.


Beautiful Creatures es un film reciente (2013) que está basado en la novela de Kami García y Margaret Stohl, la cuál tiene una historia bastante ficticia de la magia y una gran espectacularidad. Beautiful Creatures es, además, una lectura demasiado romántica, al grado que la historia de amor domina al escenario mágico, el cuál es realmente una excusa para el "amor prohibido" de los protagonistas. En The Craft, al contrario, se tiene una perspectiva mucho más real de la verdadera magia (y unos POCOS toques de Wicca), al menos hasta el momento en que las brujas locas comienzan a volar. Esta película noventera (1996) tiene ese estilo rebelde y oscuro de la juventud atormentada, retratada en la época; así mismo, presenta un lado más oscuro de la magia que llega a convertirla, incluso, en una historia con tintes de horror. La verdad, ambas cintas son interesantes a su manera, pero sus diferencias, aún dentro del género, son interesantes y son una muestra que ilustra la evolución del mismo en un periodo de casi veinte años.


A pesar de que me guste mucho el género, son pocas las películas que manejan un concepto acertado de la realidad de la magia. Las razones son, a mi parecer, bastante obvias: no serían tan entretenidas y la nueva ola de obsesión de la audiencia por los efectos especiales no podría ser explotada. En The Craft vemos una práctica mágica muy acertada: los símbolos, rituales, cantos y el uso de todos estos elementos se dan en una mecánica muy acercada a la realidad. Se nota en este film que los creadores conocen (o al menos investigaron) los mecanismos sobre los que funciona este mundo y que, además, tenían la intención de representar de manera certera (el mismo título lo dice) el mundo de la brujería. Por supuesto, la historia tiene sus tintes fantásticos y de ficción, para apelar a la espectacularidad del medio y la meta de impactar a la audiencia.



Beautiful Creatures, por otra parte, es un film que va directo a la fantasía, con la intención de crear un mundo inexistente y apelar a la audiencia desde ese cristal. Además, Beautiful Creatures no es realmente una película sobre la magia y su mundo, es más bien una historia de amor prohibido que ocurre en un mundo convenientemente mágico. Beautiful Creatures es más impresionante, al menos en cuestión de efectos visuales y secuencias de acción, pero enseña mucho menos respecto al mundo en que se cuenta. Para mí, Beautiful Creatures es una película entretenida e interesante; sin embargo, parece haber salido al cine como forma de continuar una corriente "Crepúsculo" de estos amores adolescentes enfermizos. La verdad, Beautiful Creatures tiene un solo error en su construcción narrativa y esta es dar tanto tiempo en pantalla a escenas de amor tan cursis, lentas y poco creíbles actoralmente.


En cuestión actoral, ambas películas tienen aciertos enormes, especialmente The Craft. Por ofensivo que puede ser para la comunidad mágica, los personajes clichés dementes contribuyen bastante a las historias mágicas. Ambos films tienen su "bruja loca" y en ambos casos son la pieza más fuerte en interpretación histriónica. Para mi, el trabajo de Emma Thomson en Beautiful Creatures es titánico. Sinceramente, todas las interpretaciones palidecen al lado de la oscura y maravillosa Serafine. Thomson nos da una antagonista de temer, con el balance perfecto entre peligrosa y mentora. Además, tiene un monólogo impresionante en interpretación y en contenido que, valga decirlo, es la mejor escena de toda la película. En cuestión de protagonistas, la película está fuera de balance. Alden Ehrenreich es un protagonista masculino agradable y liviano, además de tener una interpretación (si bien nada especial) bastante natural. En cambio, Alice Englert es un fenómeno extraño, intenta tener un aura de melancolía eterna que no logra sacar y creo que ella es muy grande para un papel así. Usualmente sólo hablo de los actores, pero Lena Duchannes es un clon de Bella Swan... un personaje destinado al olvido. Lo malo es que esta célula "Crepúsculo" se alcanza a colar un poco a la película, si bien sin tanto daño, creando momentos muy prescindibles.


En The Craft, el cuadro actoral está mucho más balanceado, pero también hay una actuación que sobresale: Fairuza Balk. Interpretando a una atormentada, oscura y depresiva adolescente, Fairuza es un elemento excelente que genera drama, tensión y un poco de comedia (muy negra, pero comedia al fin). Nancy Downs, de cierta forma, es un personaje algo ofensivo para el promedio del practicante de brujería: es un cliché en toda la extensión del término, uno que, además, ya no se cumple tanto (es una moda wicca más noventera). Robin Tunney no se queda atrás y como protagonista es muy valiosa y su personaje es muy acertado a los practicantes solitarios que recién comienzan en ese mundo. Creo, sin embargo, que en The Craft los personajes son más simples, pero más correctos. Funcionan muy bien para contar la historia y la hace más natural y mucho más orgánica, si bien el último cuarto de la película ya raya en la excesiva fantasía, todo el film es bastante convincentey muy  entretenido.


Beautiful Creatures sobrepasa a The Craft (y por mucho) en un aspecto específico: espectacularidad. Ciertamente ambas son películas que te atraparán; sin embargo, en Beautiful Creatures se va a dar en gran medida por lo maravilloso de la construcción del mundo mágico. Son secuencias visualmente muy cargadas (y aunque no quiero realmente entrar en detalles en este tema, con una mezcla de audio sorprendente) y llenas de dinamismo: El flashback a la historia de Genevieve es especialmente atractivo. En The Craft, los efectos visuales se quedan muy atrás (casi veinte años atrás), lo cuál es bastante lógico al ver las fechas de cada cinta. No son malos efectos visuales, pero no dejan tanta impresión, realmente lo que te atrapará en The Craft será la forma de contarte la historia y que, invariablemente de que a todos nos guste la fantasía, ver la magia real en acción siempre eleva miradas de curiosidad.


Si tuviera que elegir, sinceramente prefiero The Craft, pero ambas son buenas películas que no te decepcionarán si buscas algo de fantasía mágica, especialmente si lo tuyo es lo oscuro. Este es un género que yo recomiendo mucho, pues a mí me fascina, especialmente con palomitas jumbo.

Sólo un último detalle que tengo que sacar de mi sistema: ¿a alguien más le parece sospechoso y convenientemente curioso que el tema "How Soon Is Now" se encuentre tanto en The Craft como en el intro de Charmed?

Ficha(s) Técnica(s):
The Craft (1996)
Dir. Andrew Fleming
Creadores: Peter Filardi y Andrew Fleming
Columbia Pictures

Beautiful Creatures (2013)
Dir. Richard LaGravanese
Creadores: García y Stohl (Novela) y Richard LaGravanese.
Warnes Bros.

jueves, 18 de julio de 2013

Pacific Rim

Guillermo del Toro se voló la barda y se pasó a un género que no veíamos desde hace media década. Cuando primero vi el promocional de Pacific Rim, debo decir que no me causó mucha impresión por dos razones: no soy un gran fan de los productos culturales de robots gigantes á la Transformers y porque llevaba compañía especial ese día en el cine. No fue hasta la segunda vez que vi el promocional que le puse un poco más de atención y, si bien se veía bastante violenta y entretenida, no me daban ganas de verla. Sin embargo, cuando vi el director del film, me intrigué bastante. Ya había visto Hellboy para ese entonces y sabía que tampoco era un género tan ajeno en Del Toro, pero aún así, había algo que no me terminaba de convencer y tuve durante varios días una espinita en el cuello que me pedía que la viera.

El conflicto llegó al momento de enfrentarme a los prejuicios (propios y ajenos), así cómo la opinión de aquellos a mi alrededor. Por una parte, había gente diciéndome: "debes verla, está bien perra, tiene robots y monstruos y peleas y explosiones y está súper chingona" y dichos comentarios no me alentaban mucho, especialmente viniendo de personas cuyos gustos de cine son bastante contrarios a los míos. Por otro lado, había gente que me decía: "qué weba, transformers reloaded y sin Megan Fox, no se me antoja". Fue ahí donde me di cuenta que si iba a ir a ver la película (y definitivamente debía hacerlo), tenía que ir sin prejuicio, ni expectativa alguna y qué bueno que lo hice así.

Pacific Rim es, por supuesto, una película de acción y ciertamente tiene sus grandes matices comerciales; aún así, la experiencia fue toda una variedad de emociones. Guillermo del Toro creó una cinta que da tributo a este género japonés del Kaiju (monstruo gigantesco) como Godzilla y un dejo de productos como los Power Rangers (quienes usan sus propios robots para combatir a estos kaiju). Así mismo, también parece seguir la lógica de los anime de robots "mecha", similar a cosas como Evangelion. Y si bien tenía todo lo necesario para ser un film tedioso, cargado de acción sin sentido y hasta extremadamente predecible, no lo fue así, al menos no como usualmente sucede con el género (y debo decir de nuevo: Transformers).

La narración de la cinta es curiosa y está manejada con mucha destreza. Se inicia con un prólogo algo engañoso y cargado de emociones importantes y, si bien el relato avanza de forma lineal, hay usos muy buenos de flashbacks informativos y bien colocados. La historia es interesante, pese a lo que podría aparentar el tema, y si bien es una película larga, difícilmente se vuelve tediosa. Esto es gracias a la inteligencia del director para saber cuando frenar, acelerar y darle un giro a las escenas de acción. Aparte de todo, Pacific Rim tiene un discurso interesante. Me gusta como el guión intenta reivindicar a los villanos adquiridos de la sociedad norteamericana; aquellas naciones que a lo largo de la historia han sido el símbolo de la maldad y la villanía, emanando de las guerras que Estados Unidos entablaba de vez en vez. En Pacific Rim, los "héroes" (o a menos los protectores del mundo en la película) son equipos formados por alemanes, rusos y japoneses, quienes ya (por una vez) no son los villanos, sino los defensores del planeta. Por ahí leí que había un Jaeger mexicano y de haber tenido uno árabe, le hubiera puesto un altar a la cinta por ir en contra del estúpido nacionalismo extremo de norteamérica. 

Otro detalle que se me hizo bastante interesante fue el vínculo de dualidad necesario para el funcionamiento del Jaeger. Esta dinámica de dos personas volviéndose uno para manejar al robor, propone un panorama muy curioso. Según lo que se ve en la cinta, no sólo es necesario tener dos personas dentro del robot, sino que realmente tiene que haber una conexión fuerte e imprescindible entre ambos pilotos, ya que ambos serán huéspedes del otro en su mente. Hoy en día ¿a quién le tenemos tanta confianza para alojarlo en lo más remoto de nuestra mente? Sabiendo además que vivimos en un mundo en el que nos es difícil confiar. Una vez unidos ambos pilotos, se vuelven una sola mente (con sus consciencias separadas) que da vida al Jaeger y que actúa como simbionte entre el hombre y la máquina: no son pilotos que dominan su tecnología, son dos personas que son una y una con la máquina en una trinidad excepcional que funciona como el mito de los Titanes griegos y no "tecnología Stark". Estos pilotos, por lo tanto, requieren relaciones estrechas y excepcionales, por lo que vemos puras relaciones de amantes, hermanos y padres con sus hijos. Guillermo del Toro encontró la forma nada cursi de explicarte como estos robots se mueven, en parte, con la fuerza del amor y la confianza.

Claro, Pacific Rim no es un film que aborde las profundidades de la complejidad humana ni que toque los temas filosóficos y sus bemoles. Aún así, la historia tiene suficiente profundidad para ser realmente interesante y para al menos darnos una cinta con mucha acción, sin tener que forzarnos a ver una cochinada de Michael Bay.

En cuestión actoral me sorprendía bastante. Las actuaciones no son malas, pero realmente no hay muchas memorables, si bien no por que sean malas, al menos porque todas parecen estar en un mismo nivel. En general hay una cierta falta de dimensión en los personajes, algo que puede no ser raro pensando en el género. La mayoría de ellos tienden a la unidimensionalidad y algunos tienen destellos breves que rompen este patrón. Realmente la actuación más valiosa es la de Rinko Kikuchi, cuyo personaje tiene todo lo que se pide en la heroína de las películas de acción: destreza, belleza y su toque de princesa en apuros, pero logra además dar un personaje con una historia conmovedora, una fuerte motivación y una sombra maravillosa de ingenuidad e inocencia.

La verdad es que con Pacific Rim recordé y aprendí un dicho popular: no juzgues a un libro por su cubierta. La película es de 10 pensando en que es amena, llena de efectos buenos, con mucha acción y con su debido cuidado. Por supuesto, no es lo mejor que se le ve a Del Toro, sigo siendo más fan del Fauno o del Orfanato, pero es una película muy buena y que definitivamente te hace pasar un rato muy ameno. Ah, y otra cosa más: el 3D es fantástico. ¡Gracias a los dioses que al fin se me hace ver una película realmente hecha para ser disfrutada en 3D!



Ficha técnica:
Pacific Rim (2013)
Dirección: Guillermo del Toro
Creadores: Travis Beacham y Guillermo del Toro
Warner Bros.